
Para
encontrar el primer enclave cultural asentado sobre la capital hay que remontarse al
primer milenio a.de J.C. cuando comienza la colonización fenicia de la costa Sudoriental
andaluza con la fundación de Gadir (Cádiz) en el 1100 a.de J.C. por los fenicios
procedentes de Tiro, que es seguida con las fundaciones por estos mismos colonizadores, de
Malaka (Málaga), Sexi (Almuñécar) y Abdera (Adra), alrededor del 800 a. de J.C. Pero
séría más correcto hablar de establecimientos de factorías comerciales que de
fundaciones de ciudades propiamente dichas. De cualquier forma, Malaka es el primer
enclave cultural sobre la demarcación de la actual capital malagueña del que se tienen
noticias históricas. Por último, hay que referir, que los establecimientos de estas
factorías fenicias a lo largo de la costa Sudoriental de la península ibérica hubieron
de realizarse sobre una base étnica ibera.
Posteriormente a la colonización griega que llega a interesar a puntos muy cercanos de lo
que es hoy la capital de la provincia, Málaga se encuentra durante más de sesenta años
bajo la dominación cartaginesa que, tras las guerras púnicas, acaba en el año 202 a. de
J.C. con la victoria romana y el paso de Málaga a la órbita imperial de los vencedores
dentro del área de la Hispania Ulterior (la Baética durante la égida de Augusto, hasta
el 14 d. de J. C.).
Por estos años el Municipium Malacitanum es punto de tránsito dentro de la Vía
Hercúlea, verdadera catalizadora de la ciudad desde un enfoque económico y cultural, al
comunicarla con otros enclaves desarrollados de la Hispania interior y con los demás
puertos del Mediterráneo. De esta época data el teatro romano que, a pesar de sus
reducidas dimensiones (una cavea de 31m. de radio y un alzado de 16 m.) pasa por ser uno
de los más antiguos de toda la Hispania.
En el año 325, cuando se celebra el Concilio de Nicea, Málaga aparece como uno de los
pocos enclaves romanos dentro de la península en los que había enraizado fuertemente el
credo cristiano. Anteriormente a esta fecha se habían venido produciendo en la ciudad
frecuentes levantamientos de carácter antirromano catalizados precisamente por la
oposición al paganismo de estos hispanorromanos asimilados al cristianismo.
Tras la división del Imperio Romano y al tiempo que se produce la definitiva crisis del
mismo, Málaga entra dentro de las áreas de la Península afectadas por las grandes
migraciones y asentamientos de los pueblos germanos, concretamente de los vándalos
silingios, que durante el siglo V vienen importando de Oriente el credo arriano. En la
apologética del catolicismo y en contra del arrianismo, destacó la prédica de Severo,
obispo de Málaga, el primer nombre ligado a la historia cultural de la capital
malagueña.
A principios del siglo VIII comienza el derrumbe de la monarquía goda y a mediados de
este mismo siglo, la penetración del islamismo en la península ibérica desde las costas
del Norte de Africa. Málaga caería definitivamente en el 743 dentro del área de
influencia árabe, tras sublevaciones de sus habitantes hispanorromanos que serían
sofocadas bajo la égida de Abd Al Ariz, en el 716. Desde ese momento comienza a
desarrollarse la ciudad de base visigótica y romana, a impulsos de las necesidades
artesanales, comerciales, culturales y de defensa de sus habitantes árabes y mozárabes.
Sería una ciudad floreciente, enmarcada por un recinto amurallado provisto de cinco
grandes puertas y cuajada de arrabales y barrios asimismo amurallados, dentro de los que
evolucionaban los adarbes, salpicados de huertas a orillas del Guadalmedina, cruzada de
Este a Oeste por una vía que comunicaba al puerto y la fortaleza con el interior del
recinto amurallado; anexos al recinto y de forma independiente del resto de la ciudad se
asentaban los barrios de comerciantes genoveses y las juderías.
En el siglo XIV se produjeron los primeros intentos de conquista por parte de las tropas
cristianas, que no se produjo hasta un siglo después, tras un largo asedio en el que
jugaron un gran papel las pequeñas elevaciones del entorno de la ciudad. Una vez tomada,
el 19 de agosto de 1487 en estos lugares se levantaron los conventos de La Victoria y de
La Trinidad. La ciudad empezó a cambiar de aspecto adaptándose las nuevas construcciones
al gusto de los conquistadores. Es la época en la que la ciudad cuenta por primera vez
con una gran plaza, la Plaza Mayor (hoy de la Constitución). A partir de este momento las
comunidades religiosas desempeñarían una función importantísima en el crecimiento
urbano de Málaga. Las iglesias y conventos construidos fuera del recinto amurallado que
empezaron a aglutinar a la población dan lugar a la formación de arrabales extramuros.
Los siglos XVI y XVII fueron duros para la ciudad, no solo por las consecuencias que trajo
consigo el levantamiento de los moriscos y su posterior expulsión, sino también por las
epidemias e inundaciones provocadas por el río Guadalmedina, que se vieron acompañadas
de varias malas cosechas sucesivas durante el siglo XVII. En esta época tiene lugar la
construcción del puerto y posterior ampliación.
Con la llegada del siglo XVIII la ciudad empieza a recuperarse y esto se nota en una nueva
ampliación del puerto y en la reanudación de las obras de la catedral, que estaban
paralizadas.
A principios del siglo XIX Málaga ya tiene dos sectores bien definidos, ambos enclavados
fuera del centro de origen medieval: en el extremo occidental el paisaje urbano empieza a
configurarse influenciado por la actividad industrial de la Málaga de esa época,
mientras en el otro extremo de la ciudad empiezan a aparecer villas y hoteles del más
puro estilo "belle epoque".
Con la desamortización y el derribo posterior de viejos edificios eclesiásticos la
ciudad ganaría nuevos espacios para su crecimiento. Se abre la calle del Marqués de
Larios y la Alameda. Sin embargo los avatares políticos del siglo XIX dejaron penosos
recuerdos en la ciudad, siendo de destacar el fusilamiento de Torrijos y sus seguidores.
El siglo terminó bajo el signo de la crisis económica: hundimiento de la incipiente
industria, plaga de filoxera, etc. La crisis se ahondaría aún más en las primeras
décadas del siglo XX hasta que, a partir de los años 60 el boom turístico empieza a
revitalizarse la provincia de Málaga y la ciudad comienza a convertirse en un importante
centro de servicios hasta llegar a ser en nuestros días una de la principales ciudades
del país. |

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