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29016 Málaga
Posteriormente a la colonización griega que
llega a interesar a puntos muy cercanos de lo que es hoy la capital de la
provincia, Málaga se encuentra durante más de sesenta años bajo la
dominación cartaginesa que, tras las guerras púnicas, acaba en el año 202
a. de J.C. con la victoria romana y el paso de Málaga a la órbita imperial
de los vencedores dentro del área de la Hispania Ulterior (la Baética
durante la égida de Augusto, hasta el 14 d. de J. C.).
Por estos años el Municipium Malacitanum es
punto de tránsito dentro de la Vía Hercúlea, verdadera catalizadora de la
ciudad desde un enfoque económico y cultural, al comunicarla con otros
enclaves desarrollados de la Hispania interior y con los demás puertos del
Mediterráneo. De esta época data el teatro romano que, a pesar de sus
reducidas dimensiones (una cavea de 31m. de radio y un alzado de 16 m.)
pasa por ser uno de los más antiguos de toda la Hispania.
En el año 325, cuando se celebra el
Concilio de Nicea, Málaga aparece como uno de los pocos enclaves romanos
dentro de la península en los que había enraizado fuertemente el credo
cristiano. Anteriormente a esta fecha se habían venido produciendo en la
ciudad frecuentes levantamientos de carácter antirromano catalizados
precisamente por la oposición al paganismo de estos hispanorromanos
asimilados al cristianismo.
Tras la división del Imperio Romano y al
tiempo que se produce la definitiva crisis del mismo, Málaga entra dentro
de las áreas de la Península afectadas por las grandes migraciones y
asentamientos de los pueblos germanos, concretamente de los vándalos
silingios, que durante el siglo V vienen importando de Oriente el credo
arriano. En la apologética del catolicismo y en contra del arrianismo,
destacó la prédica de Severo, obispo de Málaga, el primer nombre ligado a
la historia cultural de la capital malagueña.
A principios del siglo VIII comienza el
derrumbe de la monarquía goda y a mediados de este mismo siglo, la
penetración del islamismo en la península ibérica desde las costas del
Norte de Africa. Málaga caería definitivamente en el 743 dentro del área
de influencia árabe, tras sublevaciones de sus habitantes hispanorromanos
que serían sofocadas bajo la égida de Abd Al Ariz, en el 716. Desde ese
momento comienza a desarrollarse la ciudad de base visigótica y romana, a
impulsos de las necesidades artesanales, comerciales, culturales y de
defensa de sus habitantes árabes y mozárabes.
En el siglo XIV se produjeron los primeros
intentos de conquista por parte de las tropas cristianas, que no se
produjo hasta un siglo después, tras un largo asedio en el que jugaron un
gran papel las pequeñas elevaciones del entorno de la ciudad. Una vez
tomada, el 19 de agosto de 1487 en estos lugares se levantaron los
conventos de La Victoria y de La Trinidad. La ciudad empezó a cambiar de
aspecto adaptándose las nuevas construcciones al gusto de los
conquistadores. Es la época en la que la ciudad cuenta por primera vez con
una gran plaza, la Plaza Mayor (hoy de la Constitución). A partir de este
momento las comunidades religiosas desempeñarían una función
importantísima en el crecimiento urbano de Málaga. Las iglesias y
conventos construidos fuera del recinto amurallado que empezaron a
aglutinar a la población dan lugar a la formación de arrabales extramuros.
Los siglos XVI y XVII fueron duros para la
ciudad, no solo por las consecuencias que trajo consigo el levantamiento
de los moriscos y su posterior expulsión, sino también por las epidemias e
inundaciones provocadas por el río Guadalmedina, que se vieron acompañadas
de varias malas cosechas sucesivas durante el siglo XVII. En esta época
tiene lugar la construcción del puerto y posterior ampliación.
Con la llegada del siglo XVIII la ciudad
empieza a recuperarse y esto se nota en una nueva ampliación del puerto y
en la reanudación de las obras de la catedral, que estaban paralizadas.
A principios del siglo XIX Málaga ya tiene
dos sectores bien definidos, ambos enclavados fuera del centro de origen
medieval: en el extremo occidental el paisaje urbano empieza a
configurarse influenciado por la actividad industrial de la Málaga de esa
época, mientras en el otro extremo de la ciudad empiezan a aparecer villas
y hoteles del más puro estilo "belle epoque".
Con la desamortización y el derribo
posterior de viejos edificios eclesiásticos la ciudad ganaría nuevos
espacios para su crecimiento. Se abre la calle del Marqués de Larios y la
Alameda. Sin embargo los avatares políticos del siglo XIX dejaron penosos
recuerdos en la ciudad, siendo de destacar el fusilamiento de Torrijos y
sus seguidores. El siglo terminó bajo el signo de la crisis económica:
hundimiento de la incipiente industria, plaga de filoxera, etc. La crisis
se ahondaría aún más en las primeras décadas del siglo XX hasta que, a
partir de los años 60 el boom turístico empieza a revitalizarse la
provincia de Málaga y la ciudad comienza a convertirse en un importante
centro de servicios hasta llegar a ser en nuestros días una de la
principales ciudades del país.
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